miércoles, 8 de octubre de 2014

EL EFECTO PIGMALIÓN EN LOS NIÑOS






Pigmalión, rey de Chipre, se enamoró de una escultura que él mismo había esculpido. Cuenta la leyenda, que la escultura era de tal belleza, que pidió a Venus que le concediera vida, con el objetivo de poder casarse con ella. En ella había encontrado la mujer perfecta, y tal fue su deseo, que la escultura se convirtió en una esposa real.

En el campo educativo de nuestros niños, proyectamos las expectativas que como padres o educadores tenemos sobre ellos, de diferentes formas, influyendo directatemente en sus resultados. En este sentido es fundamental confiar en que nuestro hijo o alumno, va a ser capaz de resolver una determinada situación o llevar a cabo una tarea concreta. Si nosotros no creemos que son capaces, qué tipo de mensajes enviaremos a través de nuestro lenguaje y nuestras actitudes? Ayudar a nuestros hijos a construir una adecuada imagen de sí mismos, les permitirá afrontar situaciones y nuevos aprendizajes, de manera más adaptativa.

Para ello, un punto de partida en el camino, debe contener una reflexión personal sobre el modelo educativo que cada uno de nosotros ha recibido, valorando en qué medida éste ha influido en nuestra manera de afrontar las situaciones. Probablemente, estemos reproduciendo ese modelo educativo vivido en primera persona, en la educación de nuestros hijos o alumnos.

En cualquier caso, siempre hemos escuchado la importancia de la autoestima en el desarrollo del éxito; sin embargo, ¿Cuál es la importancia real que tiene sobre las personas?

En primer lugar, influye en la capacidad que el niño tenga para superar dificultades, que puede encontrar tanto en su vida académica como en su vida social. Además, un buen autoconcepto, permite una actitud positiva a la hora de enfrentarse a nuevos aprendizajes. Podemos afirmar que las personas con una adecuada autoestima, poseen mayor nivel de autonomía. Fomenta las relaciones sociales sanas, tan necesarias a la vez que escasas en algunos ámbitos. Favorece la adquisición de responsabilidades en los niños...

A modo de reflexión, quizá nos resulte útil valorar, qué imagen transmitimos a nuestros hijos y alumnos con nuestras actitudes, nuestro lenguaje y nuestros pensamientos acerca de lo que son capaces y no son capaces de hacer.  El tener esta cuestión presente como educadores, favorecerá el desarrollo de adultos con un autoconcepto positivo a la vez que realista.

En definitiva, la autoestima, y por tanto el autoconcepto que el niño desarrolla de sí mismo, se construye como un pilar fundamental de la personalidad del futuro adulto. Por el contrario, una baja autoestima provoca dificultades en la estructura mental más interna del niño, viéndose reflejadas en la capacidad de atención y concentración, hecho que influye directamente en su rendimiento. En estos casos, se precisa una intervención adecuada que permita elevar la autoestima.