domingo, 16 de octubre de 2011

El miedo.


Miedo: emoción caracterizada por una sensación desagradable que nos alerta de un peligro o de una amenaza.
A nivel biológico, el miedo surge como una respuesta adaptativa a nuestro entorno. Nos permite reaccionar ante peligros reales.
A nivel neurológico, supone la activación de una parte de nuestro cerebro.
A nivel psicológico es un estado emocional que en sus manifestaciones mas extremas, provoca angustia.
El mecanismo del miedo funciona de la siguiente manera: Un estímulo determinado, el estímulo temido, genera una serie de pensamientos en nuestro nivel cognitivo. Estos pensamientos, provocan un estado emocional de alerta, que da lugar a una respuesta fisiológica que nos hace reaccionar ante dicho estímulo. Por tanto, entran en juego tres niveles importantes: nivel cognitivo, nivel emocional y nivel fisiológico. La clave por tanto, estaría en dominar el primer nivel, el cognitivo, para evitar la escalada del miedo en los dos niveles siguientes.
El miedo, es por tanto, adaptativo cuando su aparición responde a la presencia de un peligro real.
Sin embargo, la mayoría de los miedos con los que convivimos, surgen ante la percepción de una amenaza, que en la mayoría de las ocasiones no es real.
El miedo es una emoción que afecta tanto a niños como a adultos. El origen de estos miedos suele estar en la infancia, por lo que es en esta etapa cuando debemos aprender a enfrentarlos. Están presentes en la evolución normal de todos los niños, y sólo se vencen cuando uno se enfrenta a ellos. La evitación fomentará su intensidad.
Existen una serie de miedos típicos en todos los niños, que denominamos miedos evolutivos:
• En los bebés, a partir de los seis meses, aparece el miedo a los desconocidos. A esta edad los bebés son capaces de diferenciar los rostros de las personas.
• Durante el primer año, suelen a parecer los miedos ante estímulos desconocidos: ruidos fuertes, sonidos desconocidos...
• Durante los seis primeros años, son habituales los miedos a animales, la oscuridad, seres fantásticos...
• A los seis años aparece el miedo a los daños físicos. Los niños son capaces de anticipar las consecuencias de sus movimientos.
• A partir de la adolescencia predominan los miedos relacionados con la autoestima y las relaciones personales.
Estamos programados para sentir miedo, puesto que se trata de una emoción que nos alerta de la presencia de un peligro y ha permitido a nuestra especie la adaptación al medio. Sin embargo, existe el riesgo de que estos miedos se estanquen durante la infancia y que incluso se generalicen, provocando una forma patológica de miedo: las fobias.
Por este motivo, la disposición y la actitud del adulto ante estos miedos evolutivos, y por tanto normales, determinará la forma de enfrentar situaciones temidas del futuro adulto. Dicha actitud, puede hacer que el niño logre superarlos, o por el contrario, que estos se vuelvan crónicos.
¿Cómo se mantienen los miedos?
Algunos padres, con la intención de evitar el sufrimiento del niño, en lugar de dotar a éste de estrategias que le ayuden a superar el temor, fomentan la evitación del mismo, contribuyendo sin ser conscientes de ello, a que éste se fortalezca aún mas.
Las fobias son miedos desproporcionados e irracionales, que impiden el desarrollo normal de la vida cotidiana del niño. Podríamos decir que es la forma patológica que adquiere la emoción del miedo cuando éste no ha sido superado con efectividad.

domingo, 2 de octubre de 2011

Esos locos bajitos


(Joan Manuel Serrat)
A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
ésos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar.
Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño,
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.

Mi nombre es Oihana Sanz Ruiz de Onraita, soy psicóloga infantil y llevo mas de una década trabajando con “estos locos bajitos” de los que Serrat habla en su fantástica canción. He de decir que con 18 años, uno elige lo que quiere estudiar mas por intuición que por vocación. Sin embargo, hoy, después de estos diez años, puedo asegurar que no me equivoqué y que me encantaría seguir aprendiendo de ellos cada día. Si, digo seguir aprendiendo, porque no hay día en el que no me enseñen algo ellos a mí.

¿Qué es la infancia? Según la definición de la Real Academia de la Lengua Española, nos referimos con este término al período de la vida humana que va desde que se nace hasta la pubertad. Es el primer estado del ser humano, es un libro sin escribir. Obviamente no podemos negar la influencia de la genética que predispone al ser humano a desarrollarse a partir de una base. Sin embargo, queda mucho por escribir en ese libro que ya tiene un grosor, que incluso tiene una forma, pero que afortunadamente sigue estando ansioso y libre de escribirse.

¿Qué responsabilidad tenemos los adultos al escribir este libro en blanco?

Tenemos la responsabilidad de asumir y tomar conciencia de que no somos imparciales, de que tal y como dice Serrat hacemos que carguen con nuestros “Dioses” y nuestro “Idioma”.
Tenemos la responsabilidad de evitar que carguen con nuestros rencores, nuestros miedos y nuestras frustraciones..
Tenemos la responsabilidada de aprender de ellos, y de disfrutar haciéndolo.
Por todo ello, dedico este blog a todos esos “locos bajitos” que me han enseñado y a los que he podido enseñar un poquito de mí.