domingo, 9 de diciembre de 2012

EL EFECTO TERAPÉUTICO DE LOS CUENTOS





Érase una vez...”

¿Quién no conoce lo que continúa tras esta pequeña introducción? ¿Qué emociones evoca en cada uno de nosotros?

Sin lugar a dudas, cada persona accederá a unos recuerdos específicos marcados por su experiencia personal. Sin embargo, es muy probable, que esta frase nos traslade a momentos positivos vividos en nuestra infancia, aunque los matices de cada uno de estos recuerdos sean bien distintos en unas personas y en otras.

¿Son los cuentos un mero instrumento de entretenimiento, que ayuda a conciliar el sueño de los más pequeños, o guardan estas historias en sus entrañas un valor mucho más educativo, e incluso terapéutico?

Históricamente, el hombre, ha utilizado la tradición oral para transmitir a las futuras generaciones sentimientos y emociones universales. Los cuentos y leyendas han sido un medio de transmisión de valores utilizado en todas las culturas. De hecho, ya en la Edad Media, los animales se convertían en los protagonistas de “fábulas”, momento en el que probablemente “los cuentos” comienzan su largo camino hasta nuestros días.

El hecho de que este instrumento haya permanecido en nuestro uso a lo largo de la Historia, nos confirma efectivamente que su valor va mucho mas allá de un entretenimiento para grandes y pequeños.

¿Qué efectos beneficiosos aporta la fantasía de los cuentos?

  • El niño desarrolla la imaginación y la fantasía.
  • Permite que se identifique con personajes que se sienten y actúan como él.
  • Aprende a afrontar situaciones de maneras diferentes.
  • Conoce la diferencia entre la realidad y la fantasía.
  • Los cuentos dan forma a los miedos o angustias infantiles, ayudándoles a expresar sentimientos y a identificarlos.
  • Permite visualizar finales felices en situaciones problemáticas cotidianas.
  • Ayudan a que el niño comprenda ciertas realidades mediante un lenguaje adaptado a su nivel cognitivo.
  • Permiten la comprensión de conceptos abstractos.


¿Cómo podemos potenciar la función terapéutica de los cuentos?

  1. Buscar un cuento cuyo tema central esté relacionado con la dificultad que presente el niño.
  2. Elegir un personaje con ciertas características acordes al niño, para potenciar una mayor identificación con el mismo.
  3. Ofrecer el mayor número de detalles que ayuden a comprender al niño, cómo se siente el protagonista para que pueda empatizar con sus sentimientos.
  4. Resolver la situación-problema del cuento de una manera sana y positiva, de modo que se convierta en una herramienta para el niño.
  5. Utilizar un lenguaje comprensivo para el niño.
  6. Acompañarlo de algunas imágenes que ayuden al niño a concretar los conceptos y situaciones, a la vez que fomentamos su propia imaginación.
¿Te atreves a inventar tus propios cuentos para tu hijo?

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La gestión de las emociones






 
Inteligencia: Capacidad de entender o comprender la información que perciben nuestros sentidos, a la vez que la relacionamos con información previamente aprendida. Tradicionalmente, el concepto de inteligencia, ha estado basado en aspectos puramente cognitivos, a partir de los cuales, se han construído practicamente todos nuestros sistemas de aprendizaje. Sin embargo, ya por los años 20, investigadores como Thorndike, comienzan a hablar de la inteligencia Social, otorgando al término una dimensión no exclusivamente cognitiva. Desde entonces, son múltiples los investigadores, que ofrecen un lugar especial a lo que hoy en día conocemos como inteligencia Emocional, dentro de ese gran concepto llamado inteligencia.


De hecho, sabemos, que las emociones negativas, interfieren negativamente en la capacidad de aprender. Autores como Richar Davidson, afirman que la habilidad de controlar las emociones, es crucial para que los niños aprendan mejor. Daniel Goleman, populariza el término inteligencia emocional, dando una especial importancia a la gestión de las emociones en nuestra vida diaria.


En cualquier caso, ha quedado demostrado, que enseñar habilidades sociales y favorecer el desarrollo emocional de los niños, mejora la capacidad de aprendizaje. Sabemos que emoción y cognición no son términos opuestos. Lejos de ser opuestos, son interdependientes.

Partiendo de esta base, observo una gran laguna en nuestro sistema educativo, una gran asignatura pendiente, en la que, a pesar de los datos evidentes, nadie quiere reparar. Inmersos en la era de la “Dispersión” ocasionada por múltiples factores, que ahora no analizaremos, parece que el sistema educativo no evoluciona en la línea marcada por las últimas investigaciones. ¿Qué falta en nuestro sistema educativo para que se adapte a las necesidades de los alumnos? Si sabemos que la gestión de las emociones y el desarrollo de la “inteligencia emocional” es importante para el aprendizaje cognitivo.... ¿ No se le debería otorgar un hueco en los currículos académicos?


Según el Budismo, una de las primeras fases del conocimiento es focalizar la atención. Para ello, resulta útil utilizar un objeto de concentración, como puede ser la respiración. Es lo que ellos denominan “calmar la mente”. En un momento en el que los niños “disfrutan” de tanta estimulación... ¿no será importante enseñarles a “calmar la mente”? Esta pregunta me lleva a otra... Si la dispersión de la atención es una consecuencia del desarrollo tecnológico... ¿no deberíamos aprender técnicas para focalizarla?


Os dejo aquí un pequeño juego que podéis adaptar aplicando variaciones, y que os puede servir de utilidad para focalizar la atención de vuestros hijos a la hora de hacer los deberes:


Ejercicio:

Antes de comenzar una tarea cognitiva, el cerebro debe recibir una señal, que le indique que debe concentrar la atención en una tarea determinada, dejando todas las demás a parte. Es lo que anteriormente hemos denominado “calmar la mente”.

Antes de comenzar cualquier tarea cognitiva que requiera una focalización de la atención, se puede realizar este ejercicio con los ojos cerrados:

1 2 3 4 5 6 7 A

Se trata de ir repitiendo la secuencia de números adelantando la letra un lugar sucesivamente, hasta que ésta llegue a encontrarse en primer lugar:

1 2 3 4 5 6 A 7
1 2 3 4 5 A 6 7
1 2 3 4 A 5 6 7
1 2 3 A 4 5 6 7
1 2 A 3 4 5 6 7
1 A 2 3 4 5 6 7
A 1 2 3 4 5 6 7

La secuencia propuesta es la más sencilla. Se puede ir complicando en función de la edad, de modo que resulte lo suficientemente complicada como para requerir focalizar toda la atención en ella.


De esta manera, la señal que enviamos al cerebro es la de focalizar la atención en una determinada tarea, olvidándonos de las demás.

¿No creeis que estas técnicas deberían enseñarse en el colegio?

domingo, 21 de octubre de 2012

ORGANIZACIÓN DEL TIEMPO DE ESTUDIO







Uno de los retos para un adecuado empleo del tiempo es la organización del mismo. La efectividad y eficacia de nuestras tareas depende en gran medida de este factor, tan sencillo en apariencia pero tan complicado de manejar en la práctica diaria. ¿Cuántas veces nos hemos sentido en la encrucijada del “por dónde empiezo”? En muchas ocasiones, el pánico experimentado al no encontrar la supuesta respuesta correcta, nos hace retrasar el momento de hacer frente a las tareas, demorándolas hasta el último momento.

Si esto nos ocurre a los adultos, y nos hacemos conscientes de ello, no resultará difícil entender a nuestros pequeños, cuando no saben “por dónde empezar”. He aquí, un reto más al que nos podemos enfrentar, e incluso podemos aprender junto a ellos.

¿Cómo organizo mi tiempo?

Es recomendable llevar a cabo una organización semanal del tiempo, utilizando un soporte visual, que puede ser parecido a este:


ASIGNATURA
TAREA
TIEMPO DEDICADO Y EN QUÉ MOMENTO LO HAGO
LUNES






MARTES






MIÉRCOLES






JUEVES






VIERNES






SÁBADO






DOMINGO









Para completar el cuadro semanal, es importante realizar una lista de las tareas pendientes estableciendo un orden de prioridad en función de la urgencia.(Exámenes, entrega de trabajos, repaso de conceptos, lecturas...)

¿Qué aprenden nuestros peques y no tan peques, con estas estrategias?

  • Dosificación del tiempo dedicado a las tareas.
  • Organización del tiempo.
  • Responsabilidad ante el trabajo.
  • Establecer prioridades en el trabajo.
  • Afrontamiento de situaciones de estrés.
  • Desarrollo de la autoestima.
  • Percepción de capacidad personal.
  • Sensación de control de las situaciones.


¿Os imagináis cómo será el futuro rendimiento de vuestros hijos en su trabajo si incidimos en este aspecto desde pequeños?


domingo, 23 de septiembre de 2012

LA VUELTA AL COLEGIO Y RECUPERACIÓN DE HÁBITOS





Septiembre, el temido y odiado septiembre de los estudiantes ha llegado. Resulta relativamente fácil imaginar, la dificultad que esta época del año supone para nuestros peques y adolescentes, cuando uno piensa en el “terrible” momento de regresar al trabajo tras unos días de vacaciones. Si a este sentimiento, le añadimos el hecho de que los días de vacaciones, son casi tres meses, la vuelta se convierte en un camino mucho más arduo.

Las vacaciones suponen un tiempo de ruptura con las obligaciones rutinarias; un espacio dedicado al descanso y a la elaboración de planes más ociosos, que durante el resto del año no podemos llevar a cabo por diferentes motivos. Si bien es cierto, que este paréntesis resulta muy beneficioso para restablecer y mantener un equilibrio mental y corporal, la vuelta a la rutina diaria, con unos horarios más rígidos, y cargada de responsabilidades y obligaciones, puede requerir una nueva adaptación, que en ocasiones resulta complicada.

En el caso que nos ocupa, nuestros niños y adolescentes, dicho periodo de adaptación en el que deben recuperar ciertos hábitos, que han quedado bastante relajados durante las vacaciones, es fundamental para un buen transcurso del curso escolar.

Los hábitos fundamentales, se podrían resumir, en cuatro grupos:

  1. Hábitos alimenticios.
  2. Hábitos de sueño.
  3. Hábitos de horarios.
  4. Hábitos de estudio.

En cuanto a los primeros, es importante que adquieran una rutina en cuanto a las comidas. Uno de los aspectos que a muchos estudiantes les queda pendiente, es el hábito del desayuno. Es fundamental desayunar por la mañana para poder rendir durante las primeras horas. Varios estudios ponen de manifiesto que la alimentación que gran parte de niños y adolescentes llevan a cabo por las mañanas, contiene un aporte calórico inferior a lo recomendado. El salto de dicha comida, supone un desequilibrio en sus hábitos alimentarios. Por este motivo, éste puede convertirse en nuestro primer reto para inculcar durante este curso.

Si atendemos ahora a los hábitos del sueño, debemos reflexionar primero sobre la función del mismo. Durante el sueño, se dan una serie de procesos neuronales, que contribuyen a modular el metabolismo y la secreción hormonal (hormona del crecimiento). Además, posee una función importante en la consolidación de la memoria y de otras funciones cognitivas esenciales para el aprendizaje. Por lo general un niño debe dormir unas diez horas, que variarán en función de la edad. Sin embargo el tiempo dedicado al sueño, no debería ser inferior a 8 horas en el caso de adolescentes. Se hace necesario en este punto, el control de la “generación multipantalla” (móviles, ordenadores, consolas, televisión...). Establecer unas normas claras en cuanto al uso de estos aparatos, puede resultar muy beneficioso.

Por lo general, los niños deben comenzar el curso, adaptándose a nuevos horarios, y nuevas actividades. Es recomendable, comenzar de forma escalada con las actividades extraescolares, ofreciendo un par de semanas para que el niño o adolescente se adapte a los nuevos horarios del colegio, para ir incorporando paulatinamente otros horarios extraescolares.

Por último, y quizá, el caballo de batalla de muchas familias, es recuperar el hábito de estudio. En ocasiones habrá que recuperarlo, y en otros casos se deberá instaurar puesto que no existe tal hábito. Es importante trabajar en la organización del tiempo dedicado al estudio desde el principio de curso. Resulta útil realizar un horario de estudio, teniendo en cuenta las actividades extraescolares de cada día, y dedicando un momento semanalmente a planificar las tareas a realizar durante la semana. En determinados niveles académicos, una vez terminadas las tareas y deberes, deberán dedicar un tiempo a la asimilación de contenidos, repaso y memorización.

Por último comentar, que resulta recomendable buscar ayuda cuando se necesite, desde el principio de curso, sin necesidad de esperar a las primeras notas, cuando uno siente la intuición de que el niño o el adolescente va a necesitarla. En ocasiones, la ayuda académica que necesitan algunos estudiantes fuera del colegio, supone un desgaste emocional para la familia, que repercute negativamente en las relaciones entre sus miembros. Para evitar esto, y siempre que sea posible, se recomienda buscar ayuda extra y delegar parte de esa función en otra persona cualificada para ello.

domingo, 2 de septiembre de 2012

EL ORDEN DE NACIMIENTO Y EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD








El ser humano, social por naturaleza, necesita de las interacciones con los otros, para su propio desarrollo. Así, podemos observar que las primeras interacciones importantes se producen dentro del ámbito familiar, en el que a su vez, se incluyen dos subsistemas importantes: el subsistema parental y el subsistema fraternal.


De hecho, no resulta extraño pensar, que la posición que uno ocupa, dentro del orden de nacimiento en el subsistema de hermanos, así como las relaciones que se establecen, según dicha posición, dentro del propio subsistema fraternal, y de éste con el subsistema parental, puedan influir en el desarrollo psicológico individual.


Tal y como afirma Kagan (1979), “el orden de nacimiento duplica en miniatura muchas de las experiencias de interacción social de la vida adulta y de la adolescencia.”


Según esto, podemos diferenciar 4 perfiles psicológicos importantes determinados por el orden de nacimiento, que marcarán los roles a seguir dentro del subsistema familiar:

  1. El hijo único.
  2. El hijo mayor.
  3. El hijo mediano.
  4. El hijo pequeño.

EL HIJO ÚNICO:

El hijo único suele ser el foco de atención de la familia, y suele estar muy habituado a estar en ambientes de adultos, por lo que puede resultar más maduro que lo correspondiente para su edad. Suelen recibir mayor estimulación y mayor atención de sus padres, por lo que pueden tener dificultades al enfrentarse a ambientes que no resultan familiares.

EL HIJO MAYOR:

El hijo primogénito, habitualmente, es el que más atención recibe de los padres, así como de la familia extensa en general. Es probable que esté más estimulado, y en el caso de ser destronado con posterioridad, termine desarrollando características más paternales a nivel de responsabilidad. Suelen ser responsables y centrados.

EL HIJO MEDIANO:

El hijo mediano es el pequeño durante un periodo de tiempo, que termina con un destronamiento de su posición inicial, hecho que le hará buscar su sitio dentro del seno familiar. Parece, que en ocasiones, esta posición puede suponer una confusión en cuanto al rol que se debe desempeñar dentro del seno familiar. No son los mayores, aunque en ocasiones desempeñan el rol de hermano mayor, y sin embargo tampoco son los pequeños, a pesar de que en otros momentos desempeñen su función. Este hecho podría explicar el motivo por el que los niños que ocupan este lugar, tienden a establecer vínculos importantes con amigos... dedicando menos tiempo a las relaciones familiares. Por otro lado, es habitual que intenten diferenciarse completamente de sus hermanos mayores llegando a definirse como completamente diferentes. La queja más habitual de aquellos que ocupan este lugar, es la menor atención que reciben por parte de la familia.

EL HIJO PEQUEÑO:

Los más pequeños de la casa, aprenden rápidamente qué conductas deben llevar a cabo, para ser el centro de las atenciones familiares. Suelen crecer creyéndose más dependientes de los otros que les rodean, por lo que tienden a mostrarse más inseguros.







lunes, 18 de junio de 2012

OCIO Y TIEMPO LIBRE



 La primera cuestión que deberíamos aclarar es el significado que cada uno de nosotros otorga a este término. De hecho, si entendemos “el ocio” como ausencia total de actividad, la interpretación que hagamos de nuestra realidad, y por consiguiente de la de nuestros hijos, será muy distinta que en el caso de que entendamos dicho concepto como, tiempo libre sin actividad laboral, que se dedica a realizar otro tipo de actividades.


La clave está por tanto, en entender, que el tiempo de ocio, no consiste en una ausencia total de cualquier actividad y en el descanso absoluto, sino que precisamente se trata de un espacio de tiempo que podemos dedicar a actividades placenteras.

En este sentido, entiendo, que se hace indispensable una educación en la planificación del tiempo de ocio en nuestros niños. El disfrute del espacio de tiempo dedicado al ocio, de los futuros adultos, favorece la prevención del consumo de drogas, el desarrollo personal, así como la integración social. Las experiencias de ocio, y por tanto el disfrute realizando actividades que nos producen bienestar, mejora la autoestima personal, reduce los niveles de ansiedad, y por tanto contribuyen a mejorar la calidad de vida.

Los padres, se convierten en modelos, que influirán en las experiencias de ocio que tengan sus hijos. De hecho, existen estudios que demuestran que las prácticas de ocio familiar fomentan la comunicación entre padres y adolescentes. La educación en la búsqueda de hobbies, y de actividades placenteras para el niño, en las que su experiencia sea positiva, fomentará la ilusión, el esfuerzo, y la autoestima personal. El niño que aprende a emplear de una manera efectiva su tiempo de ocio, con la ayuda de sus padres, será con mayor probabilidad un adolescente que disfrute de las actividades que realiza en su tiempo libre, y por tanto habrá menos probabilidad de que sea seducido por el consumo de sustancias como búsqueda constante de evasión de la realidad.

El sedentarismo al que asistimos en los últimos tiempos, producido en parte por el avance de las nuevas tecnologías, afecta tanto a niños como a adultos. ¿Cuántos adultos no pasan al día como mínimo dos horas delante del ordenador, la televisión, el teléfono móvil con conexión a internet...? Quizá una reflexión personal, nos permita entender mejor, el por qué nuestros niños y adolescentes, sienten la necesidad de pasar más tiempo conectados a la tecnología. Ésta, forma parte de su vida, han nacido con ella, son nuestros nativos digitales.

Sin embargo, del mismo modo que en parte los adultos somos responsables de este modo de vida de los jóvenes, también lo somos, de fomentar otros hábitos desde que son pequeños. Ocio no es lo mismo que ociosidad. Necesitamos planificar nuestro tiempo libre para que realmente este resulte placentero.

Quizá debamos enseñar a nuestros hijos desde que son pequeños, con el fin de que se conviertan en adultos que sepan disfrutar de su tiempo libre. Podemos entender dicho objetivo como parte fundamental de la salud mental de cualquier persona, y por tanto una dedicación a la educación en este sentido, se hace indispensable desde la infancia. Quizá el verano es un buen momento para empezar,

¿Os animáis?

domingo, 27 de mayo de 2012

TÉCNICAS DE ESTUDIO II



Tal y como comentamos en la entrada anterior, una buena planificación del estudio requiere una identificación por parte del alumno, una autoevaluación de hábitos, analizar las características del lugar que se emplea para el estudio, aprender a elaborar programas de trabajo semanales, y por último incidir en el aprendizaje de un buen método de estudio.

¿Qué es un método de estudio?

Un método es una serie de actuaciones ordenadas, que se llevan a cabo para conseguir un resultado. Es un camino ordenado, un plan definido, que nos permite lograr los objetivos propuestos.

Cuando nuestro objetivo, es aprender a estudiar mejor, resulta necesario seguir una serie de fases, que ayudarán al alumno a conseguir sus objetivos:


  1. Prelectura: Se trata de llevar a cabo una ojeada inicial al texto para hacerse una idea general de lo que trata. Sería el primer paso de acercamiento. La prelectura, es mucho más efectiva cuando el alumno puede hacerla el día anterior a la explicación del profesor, aumentando así su interés por el tema y la comprensión de la clase.
  2. Lectura comprensiva: Es la lectura que se realiza detenidamente y dedicando una especial atención a cada una de las palabras que componen el texto, y por tanto a la comprensión del mismo. En este punto el alumno debe apuntar los términos que no entienda para poder revisar su significado.
  3. Las anotaciones al margen: Mediante estas anotaciones, el alumno apunta la idea principal de cada uno de los párrafos que componen el texto o del apartado analizado. Este punto debe ser trabajado especialmente, ya que en algunas ocasiones al alumno le resultará fácil detectar la idea fundamental, y sin embargo en otras ocasiones, deberá deducirla.
  4. El subrayado: El subrayado debe ser la respuesta en el texto a las notas al margen efectuadas previamente.
  5. El esquema: Consiste en expresar gráficamente y correctamente jerarquizadas las ideas más importantes del texto para facilitar el aprendizaje del mismo. Existen diferentes tipos de esquema, que cada alumno debe conocer para elegir aquel que mejor se adapte a sus necesidades.
  6. El resumen: Se trata de desarrolar el esquema realizado, haciendo énfasis en las ideas fundamentales anotadas al margen. Este paso permite trabajar la expresión escrita antes del examen.
  7. Memorizar: Durante todo el proceso anterior, el alumno habrá memorizado el concepto del tema a estudiar. Sin embargo, de cara a un examen, el estudio debe ampliarse ofreciendo especial atención a la forma de expresar dicho concepto, para lo cual necesita un mayor tiempo de trabajo sobre el esquema y el resumen realizado.

A continuación os ofrezco un ejemplo de registro para la planificación del estudio semanal, así como el tiempo dedicado al mismo:









Lunes


Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo
Asignatura a trabajar







Tarea a realizar:
prelectura
lectura
anotación
subrayado
esquema
resumen
memorizar









Tiempo empleado












Tareas pendientes











domingo, 6 de mayo de 2012

TÉCNICAS DE ESTUDIO (PARTE I)




 Cada día observo más dificultades en los niños y adolescentes para llevar a cabo un aprendizaje significativo, así como un empleo efectivo del tiempo dedicado al estudio. Quizá no se haya analizado correctamente el origen de dichas dificultades, y qué se puede hacer para prevenirlas.

Durante la escuela Primaria, los docentes nos concentramos excesivamente en la obtención de una adecuada velocidad lectora, centramos los esfuerzos en la exactitud del pequeño lector, y sin embargo, nos olvidamos de atender a los procesos subyacentes de un buen método de estudio cuya base es la lectura.

Durante años he podido observar las dificultades que los estudiantes encuentran en el día a día académico, llegando a la conclusión de que las siguientes son las más significativas:

  • Ausencia de un adecuado método para estudiar.
  • Ausencia de una adecuada planificación del trabajo a realizar en función de las características personales.
  • Inadecuadas condiciones de los espacios empleados para el estudio.
  • Dificultades para identificar las ideas fundamentales de un texto, de aquellas que son secundarias.
  • Dificultades en la atención.
  • Inexistencia de un método adecuado para preparar los exámenes.
  • Dificultad para tomar apuntes.
  • Ignoracia de las técnicas existentes para llevar a cabo un buen aprendizaje, adaptado a las necesidades individuales.

Estas dificultades, se van arrastrando a lo largo de toda la escolaridad, siendo muchas de ellas, las principales causas del abandono de los estudios. Podemos visualizar estas dificultades, en aquellos estudiantes que a pesar de emplear multitud de tiempo para el estudio, no logran unos resultados académicos acordes con el mismo, estudiantes que no saben estudiar a pesar de lograr excelentes resultados en los cursos escolares, cuyas dificultades empiezan a hacerse patentes en la universidad. Hay estudiantes que no encuentran jamás el momento de sentarse a estudiar, puesto que no saben por dónde empezar, aquellos que empiezan a estudiar con toda la buena voluntad, pero no entienden lo que están estudiando...

Estas dificultades tienen solución una vez se presentan. Sin embargo, ¿no sería más efectivo abordarlas antes de que puedan suponer una sensación de fracaso? Quizá deberíamos plantearnos la posibilidad de trabajarlo en la escuela desde las edades más tempranas, de la misma manera que nadie duda de la necesidad de enseñar a los niños a leer. Pero ¿qué entendemos por enseñar a leer? ¿no es importante enseñar un buen método de lectura que facilite el estudio?

Desde mi experiencia, un buen método de estudio requiere el trabajo en los siguientes aspectos:

  • En primer lugar el alumno debe aprender a identificar cuáles son sus dificultades, al tiempo que asume que éstas tienen solución (autoevaluación de hábitos)
  • Analizar las características del lugar empleado para el estudio. Éste debe ser siempre el mismo, debe estar aislado, sin ruidos, con una buena iluminación, sin excesivas distracciones...
  • Se debe enseñar al alumno a elaborar un programa de trabajo, para que el tiempo dedicado al estudio resulte más efectivo. En este sentido, son útiles los planes semanales de estudio, en el que queden reflejadas las materias en las que trabajar y el tiempo dedicado a cada una de ellas.
  • Es fundamental enseñar al alumno un método de estudio adecuado, que generalmente engloba las siguientes fases: prelectura, lectura comprensiva, notas al margen, subrayado, esquemas o resúmenes y finalmente memorización.
En próximas entradas, iremos analizando cada uno de estos aspectos.


martes, 10 de abril de 2012

¿QUÉ QUIERES ESTUDIAR?


Hace menos años de los que imaginamos, la posibilidad de elegir entre una profesión u otra era impensable. En la época de “los oficios”, tal sabiduría era transmitida de generación en generación, de modo que uno ya desde muy pequeño, tenía bastante claro el lugar en el que podría situarse su futuro profesional. De hecho, aún podríamos mencionar culturas en las que dicha práctica, no tan lejana en la nuestra, continúa siendo lo habitual.

El desarrollo de la educación, y el acceso de gran parte de la población a la misma, ha generado multitud de posibilidades, que ayudan a crear todo un abanico de opciones. Sin embargo, inmersos en tal abanico de posibilidades, la elección, en ocasiones, resulta extremadamente complicada.

Durante el Bachillerato, si no antes, es frecuente para un adolescente escuchar la pregunta “¿Qué quieres estudiar?”, dejando de lado el inocente “¿Qué quieres ser de mayor?”, que preguntamos a los niños cuando todavía los consideramos demasiado jóvenes para tener las ideas claras. Sin embargo, esa rotundidad con la que un niño puede contestar a la pregunta ¿qué quieres ser de mayor?, da lugar a multitud de dudas y temores al pasar a la pregunta real que formulamos al adolescente.

Se ha de tener en cuenta, que quizá ésta sea una de las primeras decisiones importantes que un adolescente toma en su vida, con lo que todo ello implica. Además, esta toma de decisión, implica el cierre de una etapa, la etapa escolar, y el comienzo de una nueva y desconocida, con los temores que todo lo desconocido implica. Esta exigencia social, puede estar muy clara en algunos casos y cargada de indecisión y dudas en otros.

Por todo ello, existen métodos para ayudar al adolescente a tomar esta decisión de la manera más acertada posible. La orientación vocacional, consiste en un proceso de guia en esta toma de decisión importante para la vida de cualquier persona. No se trata de decidir por él, si no de guiarle de forma acertada en ese proceso, ayudándole a elegir aquello que realmente quiere y que mejor se acopla a sus posibilidades.

¿Qué aspectos debemos tener en cuanta a la hora de ayudar a un adolescente?

  • En primer lugar es importante escucharle. Observar sus intereses personales, su forma de vida, sus gustos, su miedos, sus aspiraciones... Estos aspectos se tratan en una entrevista personal, dedicada a obtener información sobre todas estas cuestiones.
  • A la hora de orientar vocacionalmente a un estudiante, es fundamental llevar a cabo una valoración de sus aptitudes intelectuales, que no tienen por qué corresponderse con las notas. Existen multitud de casos de unas aptitudes intelectuales magníficas, y sin embargo unas calificaciones académicas pésimas. Por tanto, los resultados académicos no son indicadores de la aptitud intelectual de un adolescente. Es fundamental llevar a cabo una evaluación de las mismas en profundidad.
  • La información es muy importante a la hora de tomar una decisión. Es prioritario, que a la hora de valorar los campos profesionales de interés de un alumno, nos aseguremos de que posee la información suficiente sobre todo el abanico de posibilidades del que dispone. Por ello, llevar a cabo una evaluación de los intereses y preferencias profesionales, será fundamental.
  • Por último, un factor importante a la hora de poder predecir la adecuación de un estudiante en una determinada profesión, es la evaluación de su personalidad. El obtener un perfil de sus rasgos de personalidad más significativos, permitirá no solo una elección más acertada, si no que evitará elecciones erróneas.
La orientación vocacional, debe realizarse individualmente, de forma que se puedan tener en cuenta todos los aspectos relevantes, y no pase por alto ningún detalle. Es fundamental que el profesional se centre en la particularidad de cada estudiante y lleve a cabo un estudio profundo de cada una de las áreas relevantes para el caso, con el fin de dárselas a conocer al estudiante y a la familia.


domingo, 18 de marzo de 2012

CÓMO NEGOCIAR CON TU HIJO ADOLESCENTE II


En la negociación, una de las herramientas que puede resultar de gran utilidad es un contrato conductual. Dicho contrato, es un documento escrito, en el que quedan reflejados todos los acuerdos que las partes han tomado, así como las consecuencias del no cumplimiento de los mismos.

Su estructura es similar al de un contrato comercial. Consta de diferentes cláusulas, que tendrán relación con el contenido hablado en la negociación, y que recogen por escrito todos los aspectos negociados. Como cualquier contrato, debe tener una vigencia concreta, tras la cual debe ser revisado. Así mismo uno de los elementos que más validez otorgan al contrato, es la firma de ambas partes.

Si decides elaborar un contrato conductual con tu hijo, éste debe contener los siguientes elementos:

  • Las conductas que deben llevar a cabo cada una de las partes. Estas deben ser lo más concretas posibles, fijando criterios como la duración, la frecuencia... conductas objetivo.
  • Las consecuencias positivas que obtendrá cada una de las partes realizando esas conductas objetivo.
  • Las consecuencias negativas que obtendrá cada una de las partes, por la no ejecución de la conducta objetivo.
  • Un sistema de registro para ir anotando las conductas emitidas y las consecuencias recibidas por cada una de las partes. El sistema de registro puede ser un anexo al contrato, en el que simplemente se vaya anotando el curso del cumplimiento del contrato. Puede ser un cuadro, en el que día a día, se anote de manera conjunta la marcha de proceso.


Os propongo a continuación un modelo básico de contrato, a partir del cual podréis elaborar los vuestros personalizándolos:


Modelo de contrato

Puestos de común acuerdo: (Nombre del participante 1) y (Nombre del participante 2)

Consienten en aceptar:

Participante 1:
Se compromete a realizar las siguientes conductas:





A cambio de estas conductas, el participante 1 obtendrá:





El incumplimiento de las conductas objetivo por parte del participante 1 supondrá:






Participante 2:
Se compromete a realizar las siguientes conductas:




A cambio de estas conductas el participante 2 conseguirá:




El incumplimiento de las conductas objetivo por parte del participante 2 supondrá:






Este contrato será efectivo desde el día________, y tendrá una vigencia de ____ días, periodo tras el cual será revisado y renegociado entre las partes.

Lugar y fecha_________________________________________________

Firma del participante 1                                                                Firma del participante 2








domingo, 4 de marzo de 2012

Cómo negociar con tu hijo adolescente



La negociación se define como una situación en la que dos partes dependientes entre sí, reconocen diferencias en sus intereses y deciden llegar a un acuerdo. En este sentido, podríamos decir que la negociación es un instrumento de resolución de conflictos, que puede resultar de gran ayuda en el ámbito familiar.

En la negociación cada parte necesita de la otra, es decir, cada parte puede influir en la otra, y únicamente podrá satisfacer sus intereses, teniendo en cuenta los intereses de la otra parte. La posibilidad de ponerse en el lugar del otro y de entender los motivos de su postura, es fundamental en el proceso, por lo que éste estará determinado por la capacidad de empatía de ambas partes. La negociación puede ser utilizada en el ámbito familiar cuando los hijos son adolescentes, y van desarrollando todas las habilidades necesarias para llevar a buen término esta técnica.

Aplicando el arte de la negociación al ámbito familiar podríamos marcar los siguientes puntos básicos a tener en cuenta:

  1. Ambas partes deben ser interdependientes. Para que la negociación sea productiva, las partes deben depender unas de otras para poder satisfacer sus intereses. Partiendo de este punto, ambas partes deben estar dispuestas a escuchar, respetar y comprometerse.
  2. En el ámbito familiar, habrá aspectos que no son negociables, y ambas partes deben conocerlos antes de la negociación (beber alcohol y conducir, salir durante toda la noche...)
  3. Disposición para negociar. Los participantes deben estar psicológicamente preparados para comenzar el diálogo. Cuando las partes se encuentran inmersas en una discusión, no es el momento de negociar.
  4. Buscar el acuerdo en algunos puntos o intereses. Generalmente, al iniciar la negociación, existirán puntos de acuerdo entre las partes, desde los cuales debe comenzarse. Partimos de lo que nos une, para crear un clima de compromiso.
  5. Debe existir una voluntad de acuerdo, para lo que es fundamental asumir la necesidad de realizar algunas concesiones a cambio de otras.
  6. Los temas objeto de negociación deben ser negociables. No todos los intereses son negociables y deben definirse previamente.

Teniendo en cuenta los puntos anteriores, puede resultar útil elaborar un listado con las obligaciones incuestionables, diferenciadas de los puntos negociables. Es fundamental que todas las partes conozcan y acepten este listado en el que se incluyen las normas familiares, límites infranqueables... Este listado variará de una familia a otra, por lo que debe ser elaborado de la forma más reflexiva posible.

Una vez claros los puntos no-negociables, ¿Cuáles son las fases de una negociación?

  1. Identificar las necesidades e intereses. El padre y el adolescente exponen lo que desean a la otra parte. La capacidad de escucha y de empatía serán fundamentales en este punto. Deben prohibirse las acusaciones y reproches en este punto. Deben utilizarse frases como “Cuando haces esto, me siento...”
  2. Cada una de las partes expone las dificultades que presenta para aceptar la propuesta de la otra parte.
  3. Entre las dos partes, intentan encontrar solución a esas dificultades expresadas. Si en este punto se llega a una acuerdo la negociación ha llegado a su fin. En caso contrario, se intentan establecer unos compromisos por ambas partes. Dichos compromisos se pueden registrar por escrito, colocándolos en un lugar visible para ambas partes. “Yo me comprometo a.... y tú te comprometes a....”
  4. Revisar pasado un tiempo previamente fijado, la evolución de los compromisos adoptados por ambas partes.

En un proceso de negociación es fundamental conocer nuestros límites. Si estás enfadado y observas que no es el mejor momento para negociar, déjalo para otra ocasión, en la que estés más dispuesto psicológicamente. Negociar no consiste en aceptar todas las demandas de tus hijos, pero sí deberás adquirir unos compromisos para que ellos sean capaces de adquirir los suyos propios. Para ello, antes de negociar, deberás reflexionar sobre cuáles son los aspectos no-negociables, y hacer que tus hijos los conozcan y los acepten. Mediante el empleo de esta herramienta, además de mejorar la relación con tus hijos, estás contribuyendo al aprendizaje de un modo muy adaptativo de resolución de conflictos interpersonales, que sin ninguna duda será de gran utilidad para la vida adulta de tu hijo.

martes, 14 de febrero de 2012

LA AGRESIVIDAD INFANTIL EN EL ÁMBITO FAMILIAR



Agresividad; conducta dirigida a una persona o a un objeto, cuyo objetivo es provocar daño físico o psíquico de una forma intencionada. La agresividad se puede presentar de forma directa (a nivel físico o a nivel verbal), de forma indirecta (cuando se agreden los objetos pertenecientes a la persona que genera el conflicto), y de forma contenida (mediante expresiones faciales)

Las conductas agresivas son habituales en la infancia. Sin embargo puede surgir un problema importante cuando asistimos a una incapacidad permanente para controlarlas. Dicha situación puede dar lugar a niños que son rechazados por sus iguales, que crean malestar en sus profesores y familiares, hechos que a su vez fomentan un incremento de la frustración, y de no actuar observaremos una escalada de la conducta agresiva.

Cuando un niño reacciona agresivamente, es probable que esté respondiendo a determinado conflicto. Dicho conflicto puede haberse originado en la relación social con otros niños, o en la relación diaria con los adultos. Independientemente del origen del conflicto, éste provoca en el niño cierta frustración que inmediatamente le lleva a reaccionar. Según la teoría del Aprendizaje social, la manera en que el niño reaccione ante estas situaciones, dependerá de las experiencias previas vividas. El niño ha podido aprender a reaccionar de ese modo mediante lo que denominamos “modelamiento” ( imitación de otros adultos o de otros niños). Así pues, los niños están sometidos a un proceso de modelamiento durante su etapa de aprendizaje, el cual, no sólo le informa sobre reacciones más o menos agresivas, sino de las consecuencias de dichas conductas. Si el niño observa reiteradamente que con la conducta agresiva el adulto o el niño al que imita, consigue sus objetivos, entenderá que es una buena forma de proceder. ¿Cuántas veces hemos gritado al niño para pedirle de una vez por todas que deje de gritar?

¿Qué factores pueden contribuir a desarrollar una conducta agresiva?

Existen varios factores que influyen en el desarrollo de este tipo de conductas. Sin embargo uno de las mas importantes es el factor sociocultural. En una época en la que cada vez poseemos mas información acerca de nuestros derechos, asistimos a un incremento de las conductas agresivas en niños y adolescentes. Quizá venimos de una generación tan ocupada en defender los derechos tanto tiempo olvidados, que nos estamos olvidando de educar en el respeto de los derechos de los demás.

Uno de los elementos del ámbito sociocultural del niño más influyente es la familia. En este sentido se ha comprobado la incidencia del tipo de disciplina ejercida por los padres en la conducta agresiva de los niños. Se puede afirmar, que tanto la poca exigencia como un estilo autoritario en exceso, fomentan la conducta agresiva en niños y adolescentes.

Llegados a este punto, podemos concluir que la conducta agresiva es una conducta aprendida, y por tanto, susceptible de ser modificada. En consecuencia, cuando nos enfrentamos a una conducta agresiva de este tipo, el primer paso es realizar un análisis funcional de la conducta: en qué situaciones se da, qué antecedentes tiene, y qué consecuencias positivas obtiene el niño llevándola a cabo (¿qué es lo que consigue y por tanto ayuda a que se mantenga?). Una vez comprendido el mecanismo por el cual se ha aprendido dicha forma de actuar, ésta debe ser desaprendida modificando las consecuencias que obtiene con la misma. Por último, es fundamental enseñar al niño una conducta más adaptativa que sustituya la anterior.

domingo, 15 de enero de 2012

La Creatividad


El pensamiento creativo es la capacidad de asociar diferentes ideas o conceptos anteriormente aprendidos, con el fin de generar una nueva solución, original en consecuencia, a un determinado problema.

Tradicionalmente, se liga el concepto de creatividad al ámbito artístico en exclusividad, dando por hecho que otros ámbitos de la vida no requieren de dicha aptitud intelectual. Esta idea, es radicalmente errónea, puesto que lejos de ser un elemento exclusivo de nuestros artistas, se trata de una aptitud intelectual fundamental en la mayoría de los campos en los que nos movemos los humanos día a día: ciencia, educación, entorno empresarial, economía, política, ámbito personal...

En este sentido, me atrevería a decir incluso, que el desarrollo de la creatividad es uno de los rasgos que nos diferencia de otras especies. El ingenio que requiere inventar cualquier idea nueva, la capacidad de encontrar nuevas soluciones, unidos a la voluntad de modificar la realidad que nos rodea, nos ha permitido diferenciarnos, la mayoría de las veces positivamente, de otras especies.

Si partimos de la hipótesis de que la imaginación y la intuición son aptitudes con las que nacemos, no sería descabellado el pensar que todos tenemos esta capacidad y que por tanto de nosotros depende también desarrollarla. Esta idea, nos da un margen de maniobra para dirigir nuestra vida en un sentido más activo o por el contrario de una forma pasiva.

No hay duda de los efectos beneficiosos que entraña el desarrollo de la creatividad en la infancia: capacidad de resolución de conflictos, pensamiento divergente en el futuro adulto... Sin embargo, el sistema educativo actual, no prioriza el desarrollo de la creatividad, y propone un modelo totalmente directivo en el que simplemente se debe corregir el error. Todos los niños deben llegar al mismo sitio por el mismo camino. En este sentido, Ken Robinson, experto en creatividad, innovación y recursos humanos, propone la siguiente pregunta: “ ¿Matan las escuelas la creatividad?”


En un momento de crisis como el que estamos viviendo, la creatividad es fundamental tanto para la economía como para la educación; para el adulto que busca trabajo, para aquel que intenta crear su propia empresa o levantar una ya existente. ¿No nos estaremos olvidando de enseñar a los niños algo realmente importante?


¿Cómo puedes jugar con tu hijo a la vez que desarrollas su creatividad?

  • Lluvia de ideas. A los niños les fascina imaginar. Lo que ocurre es que los adultos no disponemos del tiempo suficiente para imaginar con ellos. Jugar a contestar preguntas del tipo... ¿Qué pasaría si tuviéramos dos cabezas?, ¿En qué se parece una televisión y un perro?... y generar el mayor número de ideas posible, hará que paséis un rato estupendo, al tiempo que ayudamos a estimular la creatividad del niño y a despertar la nuestra.
  • Permitir que se equivoquen. Cuando se pregunta a un científico cuántas veces ha salido mal un experimento, lo mas probable es que conteste que casi todas. La equivocación está en la base del avance, puesto que nos permite conocer lo que no funciona. Este mensaje no es el que se transmite siempre a los niños. No hay por qué hacerlo todo bien, y desde luego mucho menos a la primera. Enséñale tus errores y ayúdale a aprender de ellos.
  • Descubrir los talentos e intereses de los niños. Todos los niños muestran algo en lo que son buenos. No le restes importancia, y potencia sus habilidades. Enséñales a formarse en aquello en lo que son buenos.
  • Jugar a crear historias a partir de palabras que en principio ni tienen ninguna relación.
  • Crea desafíos acordes a la edad y la personalidad del niño. Esto le ayudará a resolver conflictos de una forma más independiente.
  • Cambiar las reglas de un juego habitual, hará que tenga un pensamiento más divergente y flexible.
  • Despertar el interés por cosas desconocidas.