domingo, 23 de septiembre de 2012

LA VUELTA AL COLEGIO Y RECUPERACIÓN DE HÁBITOS





Septiembre, el temido y odiado septiembre de los estudiantes ha llegado. Resulta relativamente fácil imaginar, la dificultad que esta época del año supone para nuestros peques y adolescentes, cuando uno piensa en el “terrible” momento de regresar al trabajo tras unos días de vacaciones. Si a este sentimiento, le añadimos el hecho de que los días de vacaciones, son casi tres meses, la vuelta se convierte en un camino mucho más arduo.

Las vacaciones suponen un tiempo de ruptura con las obligaciones rutinarias; un espacio dedicado al descanso y a la elaboración de planes más ociosos, que durante el resto del año no podemos llevar a cabo por diferentes motivos. Si bien es cierto, que este paréntesis resulta muy beneficioso para restablecer y mantener un equilibrio mental y corporal, la vuelta a la rutina diaria, con unos horarios más rígidos, y cargada de responsabilidades y obligaciones, puede requerir una nueva adaptación, que en ocasiones resulta complicada.

En el caso que nos ocupa, nuestros niños y adolescentes, dicho periodo de adaptación en el que deben recuperar ciertos hábitos, que han quedado bastante relajados durante las vacaciones, es fundamental para un buen transcurso del curso escolar.

Los hábitos fundamentales, se podrían resumir, en cuatro grupos:

  1. Hábitos alimenticios.
  2. Hábitos de sueño.
  3. Hábitos de horarios.
  4. Hábitos de estudio.

En cuanto a los primeros, es importante que adquieran una rutina en cuanto a las comidas. Uno de los aspectos que a muchos estudiantes les queda pendiente, es el hábito del desayuno. Es fundamental desayunar por la mañana para poder rendir durante las primeras horas. Varios estudios ponen de manifiesto que la alimentación que gran parte de niños y adolescentes llevan a cabo por las mañanas, contiene un aporte calórico inferior a lo recomendado. El salto de dicha comida, supone un desequilibrio en sus hábitos alimentarios. Por este motivo, éste puede convertirse en nuestro primer reto para inculcar durante este curso.

Si atendemos ahora a los hábitos del sueño, debemos reflexionar primero sobre la función del mismo. Durante el sueño, se dan una serie de procesos neuronales, que contribuyen a modular el metabolismo y la secreción hormonal (hormona del crecimiento). Además, posee una función importante en la consolidación de la memoria y de otras funciones cognitivas esenciales para el aprendizaje. Por lo general un niño debe dormir unas diez horas, que variarán en función de la edad. Sin embargo el tiempo dedicado al sueño, no debería ser inferior a 8 horas en el caso de adolescentes. Se hace necesario en este punto, el control de la “generación multipantalla” (móviles, ordenadores, consolas, televisión...). Establecer unas normas claras en cuanto al uso de estos aparatos, puede resultar muy beneficioso.

Por lo general, los niños deben comenzar el curso, adaptándose a nuevos horarios, y nuevas actividades. Es recomendable, comenzar de forma escalada con las actividades extraescolares, ofreciendo un par de semanas para que el niño o adolescente se adapte a los nuevos horarios del colegio, para ir incorporando paulatinamente otros horarios extraescolares.

Por último, y quizá, el caballo de batalla de muchas familias, es recuperar el hábito de estudio. En ocasiones habrá que recuperarlo, y en otros casos se deberá instaurar puesto que no existe tal hábito. Es importante trabajar en la organización del tiempo dedicado al estudio desde el principio de curso. Resulta útil realizar un horario de estudio, teniendo en cuenta las actividades extraescolares de cada día, y dedicando un momento semanalmente a planificar las tareas a realizar durante la semana. En determinados niveles académicos, una vez terminadas las tareas y deberes, deberán dedicar un tiempo a la asimilación de contenidos, repaso y memorización.

Por último comentar, que resulta recomendable buscar ayuda cuando se necesite, desde el principio de curso, sin necesidad de esperar a las primeras notas, cuando uno siente la intuición de que el niño o el adolescente va a necesitarla. En ocasiones, la ayuda académica que necesitan algunos estudiantes fuera del colegio, supone un desgaste emocional para la familia, que repercute negativamente en las relaciones entre sus miembros. Para evitar esto, y siempre que sea posible, se recomienda buscar ayuda extra y delegar parte de esa función en otra persona cualificada para ello.

domingo, 2 de septiembre de 2012

EL ORDEN DE NACIMIENTO Y EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD








El ser humano, social por naturaleza, necesita de las interacciones con los otros, para su propio desarrollo. Así, podemos observar que las primeras interacciones importantes se producen dentro del ámbito familiar, en el que a su vez, se incluyen dos subsistemas importantes: el subsistema parental y el subsistema fraternal.


De hecho, no resulta extraño pensar, que la posición que uno ocupa, dentro del orden de nacimiento en el subsistema de hermanos, así como las relaciones que se establecen, según dicha posición, dentro del propio subsistema fraternal, y de éste con el subsistema parental, puedan influir en el desarrollo psicológico individual.


Tal y como afirma Kagan (1979), “el orden de nacimiento duplica en miniatura muchas de las experiencias de interacción social de la vida adulta y de la adolescencia.”


Según esto, podemos diferenciar 4 perfiles psicológicos importantes determinados por el orden de nacimiento, que marcarán los roles a seguir dentro del subsistema familiar:

  1. El hijo único.
  2. El hijo mayor.
  3. El hijo mediano.
  4. El hijo pequeño.

EL HIJO ÚNICO:

El hijo único suele ser el foco de atención de la familia, y suele estar muy habituado a estar en ambientes de adultos, por lo que puede resultar más maduro que lo correspondiente para su edad. Suelen recibir mayor estimulación y mayor atención de sus padres, por lo que pueden tener dificultades al enfrentarse a ambientes que no resultan familiares.

EL HIJO MAYOR:

El hijo primogénito, habitualmente, es el que más atención recibe de los padres, así como de la familia extensa en general. Es probable que esté más estimulado, y en el caso de ser destronado con posterioridad, termine desarrollando características más paternales a nivel de responsabilidad. Suelen ser responsables y centrados.

EL HIJO MEDIANO:

El hijo mediano es el pequeño durante un periodo de tiempo, que termina con un destronamiento de su posición inicial, hecho que le hará buscar su sitio dentro del seno familiar. Parece, que en ocasiones, esta posición puede suponer una confusión en cuanto al rol que se debe desempeñar dentro del seno familiar. No son los mayores, aunque en ocasiones desempeñan el rol de hermano mayor, y sin embargo tampoco son los pequeños, a pesar de que en otros momentos desempeñen su función. Este hecho podría explicar el motivo por el que los niños que ocupan este lugar, tienden a establecer vínculos importantes con amigos... dedicando menos tiempo a las relaciones familiares. Por otro lado, es habitual que intenten diferenciarse completamente de sus hermanos mayores llegando a definirse como completamente diferentes. La queja más habitual de aquellos que ocupan este lugar, es la menor atención que reciben por parte de la familia.

EL HIJO PEQUEÑO:

Los más pequeños de la casa, aprenden rápidamente qué conductas deben llevar a cabo, para ser el centro de las atenciones familiares. Suelen crecer creyéndose más dependientes de los otros que les rodean, por lo que tienden a mostrarse más inseguros.