miércoles, 14 de diciembre de 2011

TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN.

La frustración es un sentimiento emocional que surge de la oposición entre el deseo y la realidad. Aparece ante la imposibilidad de cumplir la voluntad individual.

A lo largo de la vida de una persona existen multitud de situaciones frustrantes que pueden generar ira o enojo. Sin embargo, la forma de hacer frente a estas situaciones frustrantes es una cuestión de actitud ante las mismas, que se aprende desde la infancia.

La familia es un agente de socialización infantil importante, es decir, es en ésta donde los niños aprenden a comportarse socialmente, a partir del comportamiento con uno mismo y con los demás miembros del núcleo familiar. La génesis de una conducta agresiva puede situarse en una baja tolerancia a la frustración. Desde esta perspectiva, se entiende que la clave no está en evitar la frustración a los niños, si no en enseñarle a manejarla y superarla. En ocasiones, el poco tiempo del que disponemos los adultos para estar con los niños, hace que se pierda esta perspectiva tan importante para el desarrollo de un adulto sano.

Cuando los niños son muy pequeños se caracterizan por un total egocentrismo. No tienen la percepción del “otro” como ser diferente a uno mismo con necesidades distintas al mismo tiempo. Es por este motivo, que cualquier límite o norma que se les imponga lo viven como algo terriblemente injusto. Serán estas las primeras experiencias de frustración a las que se enfrente, pero no serán las últimas por mucho que el adulto se empeñe en protegerle.

En ocasiones, en un intento de evitar cualquier tipo de sufrimiento en los niños, les hacemos creer que ciertas emociones de malestar no deben ser parte de nuestra vida. Les transmitimos inconscientemente, que para ser feliz la vida debe ser cómoda y placentera en todo momento. Tolerar la frustración significa poder hacer frente a diferentes problemas a lo largo de la vida, a pesar del sufrimiento que provocan. Una baja tolerancia a la frustración, provocará que ante cualquier dificultad, el niño se desmotive e intente abandonar sus metas.

Las repercusiones que esta actitud puede tener en todos los aprendizajes del niño son enormes. Todos los aprendizajes, suponen la presentación de diferentes metas que no siempre van a resultar fáciles de alcanzar. El miedo al fracaso, y la baja tolerancia a la frustración puede llevarnos a abandonar ciertos proyectos que hubiéramos podido alcanzar con paciencia y tolerancia.

Sin embargo, no es esta la única repercusión que puede tener una baja tolerancia a la frustración. Las repercusiones mas evidentes se manifiestan en el comportamiento de los niños, mostrando una conducta con tendencia a la agresividad. La frustración es un elemento que forma parte del desarrollo humano saludable. Por ello, ciertas dosis de frustración adaptado a lo que el niño pueda tolerar según su edad, no solo no es perjudicial, sino que favorecerá una mejor adaptación en los diferentes ámbitos de su vida: emocional, social, aprendizaje cognitivo...

Para enseñar a los niños a manejar estas situaciones, es necesario ofrecerles ciertas dosis de frustración que poco a poco vayan aprendiendo a tolerar. Es importante que como adultos entendamos, que la frustración, lejos de ser un sufrimiento tremendo, es positiva para el desarrollo emocional del niño. Aprender a decirles “no”, poner límites, dosificar los premios, permitirles que resuelvan sus problemas aunque se equivoquen... son pequeñas dosis de frustración que pueden ir tolerando, y que les enseñará a renunciar a los deseos en determinadas ocasiones.






domingo, 27 de noviembre de 2011

Internet y menores


Cuando hablamos de “Nativos Digitales”, uno tiene la sensación de referirse con este término a habitantes de un “país” diferente con un idioma distinto. Ciertas generaciones asistimos, de hecho a un cambio, que ha dividido el mundo en dos grupos: los que tienen acceso a la información y los que no tienen acceso a ella.

Nuestros niños y adolescentes cuentan con una nueva identidad de la que es complicado prescindir, relacionada con la tecnología. Han nacido en la “era de la tecnología”, por lo que manejan a la perfección este nuevo idioma que las generaciones anteriores vamos aprendiendo con mayor o menor soltura.

Internet es una herramienta de acceso a la cultura que aporta multitud de beneficios y oportunidades. Podemos comunicarnos con personas que están a miles de kilómetros de distancia, nos permite acceder a la información de una forma rápida, nos abre las posiblidades de ocio y de acceso al mismo... nos ofrece un abanico enorme de información. Sin embargo, de la misma manera que no dudamos en que un coche, a pesar de sus beneficios, tiene sus peligros, no debemos olvidar que Internet entraña una serie de riesgos.

Riesgos de Internet:

  • Internet permite una identidad anónima, con los riesgos que esto supone.
  • La exposición de ciertos datos personales, facilita la invasión de nuestra intimidad por otras personas..
  • Ciberacoso.
  • Chantajes.
  • Timos, estafas y robos.
  • Acceso a información no adecuada para los menores.
  • El uso abusivo de Internet puede repercutir en el rendimiento diario de los menores, así como en las relaciones sociales que establacen.

Consejos para padres:

  • Coloca el ordenador en una zona común, de forma que puedas supervisar su uso sin necesidad de invadir la intimidad de tus hijos. Evita que la pantalla esté mirando hacia la pared.
  • En caso de que existan teléfonos móviles con acceso a Internet u ordenadores portátiles, recurre a la norma de dejar por las noches, o durante los momentos de estudio, dichos dispositivos en un lugar al que tus hijos no tengan acceso sin tu ayuda. Muchos adolescentes dedican horas durante la noche a navegar por Internet. Establecer un norma en este sentido, ayudará a ordenar el uso de Internet de tus hijos. .
  • Controla el tiempo de uso del ordenador. Establece un horario y sé firme al respecto. Internet no debe condicionar la vida familiar ni las relaciones sociales de tus hijos. Establecer una norma firme al respecto ayudará a evitar problemas relacionados con el uso excesivo.
  • Informa a tus hijos para que no ofrezcan ciertos datos de carácter personal. Elabora junto a ellos una lista en la que se establezca el tipo de información que no se puede subir a la red.
  • Educa a tus hijos en una navegación segura. Explica la importancia de utilizar contraseñas que no sean facilmente descifrables.
  • Aprende a navegar junto con tus hijos. Navega con ellos de vez en cuando. Preocúpate por conocer la red. Intercambia con ellos novedades informáticas. El diálogo en este sentido proporcionará información y seguridad a tus hijos.
  • Navega de vez en cuando por las páginas por las que navegan tus hijos. Aprende lo que es una red social, y cómo funciona. Intenta educar desde el conocimiento.
  • Anima a tus hijos a que comenten con cualquier adulto de confianza, aquello que les haga sentir incómodos o les reulte extraño.
  • Crea espacios de comunicación comunes, en los que ellos puedan explicarte el uso que realizan de Internet y tú puedas contarles el tuyo.
  • Observa el comportamiento de tu hijo. Edúcale en el respeto. Es tan importante observar si puede estar siendo víctima de acoso, como percatarse de posibles comentarios abusivos que pueda estar haciendo de otros compañeros.


El uso de Internet va cambiando en función de la edad del menor. Los niños más pequeños utilizan el ordenador con una intención educativa o lúdica, generalmente con la supervisión de un adulto. El ordenador es una herramienta que resulta especialmente atractiva para los niños, por lo que ofrece numerosas ventajas a nivel educativo y académico

Los niños aprenden rápidamente su manejo, y pueden llegar a ser autónomos en su uso con relativa facilidad. Para ayudar al control de su manejo, existen diferentes dispositivos que filtran los contenidos a los que pueden acceder. Google ha lanzado un nuevo portal para educar y proteger a los niños en Internet (www.google.es/familysafety/

A medida que los menores van avanzando en edad, los usos diferentes que realizan de Internet aumentan. Es, en este momento, cuando debe empezarse a trabajar el “buen uso de Internet”. No se trata por tanto de prohibirlo, si no de ayudarles a ordenar su uso, educarles en una navegación segura, y acompañarles en un nuevo aprendizaje.



domingo, 13 de noviembre de 2011

¡NO ME GUSTA LA COMIDA!

La comida es un hábito que es importante reforzar desde la infancia. Es una actividad que se repite diariamente un mínimo de tres veces, fundamental para un correcto desarrollo.

El hábito adquirido durante la infancia y posterior adolescencia, determinará nuestra forma de alimentarnos en la vida adulta. Muchos de los problemas de alimentación de los adultos, radican en una incorrecta adquisición del hábito en la infancia. Inmersos en la era de las dietas “milagro”, otorgamos escasa importancia al aprendizaje de un hábito que va a ser crucial durante toda nuestra vida.

La adquisición de hábitos y rutinas, lejos de reflejar rigidez, es sinónimo de seguridad frente al desorden que puede suponer el no adquirirlos.

¿Por qué es tan importante este hábito?

Si analizamos todo lo que un niño aprende mediante la adquisición de este hábito, podríamos resumirlo de la siguiente manera:

  • Obviamente es una necesidad fisiológica, sin la cual no podríamos vivir, y si ésta es deficiente o incorrecta nuestro rendimiento cognitivo y físico se verá claramente afectado.
  • A través de la alimentación, los niños aprenden rutinas que les dan seguridad.
  • El desarrollo de la musculatura de la boca, contribuye a una correcta evolución del habla.
  • El niño aprende a ser autónomo.
  • El manejo de los conflictos que puedan surgir de la comida, influirá en el manejo de conflictos que puedan aparecer con posterioridad.

Como cualquier hábito, debe realizarse en el mismo lugar, a la misma hora y de la misma manera. Si cada vez se come en un lugar diferente de la casa, a una hora distinta, y de forma diferente, el niño aprenderá que puede comer cuando quiera, lo que quiera y de la forma que quiera. Esto se puede trasladar posteriormente al hábito de estudio...

Los adultos son los guías que marcan la adquisición de los hábitos de los niños. Mediante la repetición de las rutinas y los hábitos, ayudamos al niño a ordenar un mundo en el que él solo no sabe situarse.

Debemos partir de la base, de que los niños van a repetir aquellos comportamientos que nosotros, los adultos reforzamos. Si reforzamos una rabieta, las posibilidades de que la rabieta se repita aumentan considerablemente. Por tanto, aunque en ocasiones resulte complicado, es muy importante reforzar prestando atención, únicamente los comportamientos que queremos que se repitan.
Cuando un niño es mal comedor, es importante que no asocie la comida a conflicto. Debemos intentar que, aunque coma poco, el momento de la comida sea agradable para él, y haga de esta forma una asociación positiva del mismo. Agradable no significa comer viendo la televisión, probablemente sea más un elemento de distracción que de ayuda. Es importante que el clima sea relajado, y se le preste atención por estar sentado a la mesa, utilizar correctamente los cubiertos, y comer la comida del plato.

Es preferible que el niño coma menos al principio, y no cambiarle la comida por algo que le guste más.

¿Cómo lo podemos hacer?

  1. Si están en edad de poder participar, involucrarles en la preparación del momento de la comida, poniendo la mesa.
  2. Los niños deben sentarse a la mesa, cuando la comida ya esté preparada para evitar momentos de aburrimiento...
  3. Se debe establecer un tiempo límite para cada comida. Al principio se puede ser flexible para ir reduciéndolo posteriormente de forma paulatina. Se puede ayudar al niño a situarse en el tiempo con un reloj infantil con alarma.
  4. Cuando se produzcan lloros o rabietas por la comida que hay, no se debe cambiar el plato al niño, y no se le debe prestar atención hasta que se calme. Es importante que aunque no coma se mantenga sentado en la mesa hasta que termine el tiempo. Siempre hay que reforzar cada aproximación que haga a la conducta que queremos conseguir, aunque solo coma una cucharada.
  5. Durante la comida es mejor evitar comentarios directamente relacionados con la misma como “come”, “No estás comiendo nada”... No olvidemos que lo que queremos es que la comida sea un momento agradable.
  6. Si un niño no quiere probar un alimento que hemos añadido en el menú, no se le debe meter obligatoriamente en la boca. Se lo debemos ir acercando poco a poco. Primero debe admitirlo en su plato aunque no se lo coma, y poco a poco a medida que aprenda a tolerar su presencia en el plato, se atreverá a probarlo. Cualquier aproximación a la conducta deseada de este tipo debe ser recompensada.
  7. Una vez agotado el tiempo establecido, se recoge la mesa. Aunque no haya comido. Es importante que el niño no coma nada hasta la siguiente comida, la merienda, la cena... para que llegue con hambre.
  8. Cuando el niño empiece a hacer progresos se le puede premiar eligiendo postre, con alguna golosina...

Si somos pacientes en este aprendizaje, veremos progresos que se mantendrán durante toda la vida del niño. ¡Merece la pena!

martes, 1 de noviembre de 2011

La toma de decisiones



La toma de decisiones es un mecanismo mediante el cual elegimos una opción entre varias posibles dentro un proceso de resolución de un conflicto.

El aprendizaje de dicho mecanismo es fundamental de cara a toda la vida de un adulto. ¿Cuántos adultos conocemos que tienen dificultades a la hora de tomar decisiones en su vida?

Cuando nos enfrentamos a un problema, lo podemos hacer de una forma positiva o de una forma negativa. Si lo hacemos de forma positiva, interpretaremos el conflicto como un reto, y nuestra vivencia del mismo será más optimista. De lo contrario, si la forma de afrontarlo es negativa, interpretaremos los conflictos siempre como amenazas.

La forma de afrontar un conflicto que muestra un adulto, es producto de todo un aprendizaje basado fundamentalmente en las experiencias que ha tenido a lo largo de su vida. Por tanto, las experiencias que tenemos desde niños en este “entrenamiento en resolución de conflictos”, determinarán cómo afrontemos los procesos de toma de decisiones en nuestra vida adulta.

Un modelo apropiado de toma de decisiones, sería el que incluye los siguientes pasos:
  1. Definición del problema.
  2. Identificar las conductas alternativas posibles.
  3. Anticipar las consecuencias posibles a cada conducta.
  4. Valorar las diferentes consecuencias
  5. Elegir la conducta que se va a llevar a cabo.
  6. Evaluar los resultados obtenidos.
Podríamos decir, que este modelo pretende incidir en una toma de decisiones meditada. El aprendizaje de este modelo, debe comenzar en la infancia. Obviamente, es importante adaptarlo a cada franja de edad. Si no se va trabajando desde la infancia, difícilmente podemos esperar que aparezca en la adolescencia, etapa en la que aumentan considerablemente las situaciones en las que uno debe aplicar este aprendizaje.

Como todo aprendizaje, debe tratarse de un proceso mediante el cual se adquieren ciertas habilidades como resultado de la experiencia. Debemos intentar que las experiencias que sirven de aprendizaje para los niños, vayan encaminadas a un correcto manejo del conflicto.

¿Cómo podemos adaptar este modelo a un niño?

Lo podemos resumir en cuatro preguntas, que podemos acompañar de algún dibujo ilustrativo, que facilite la comprensión al niño:

  1. ¿Qué tengo que hacer?
  2. ¿De cuántas maneras puedo hacerlo?
  3. ¿Cuál es la mejor?
  4. ¿Qué tal lo he hecho?






Es importante que el adulto acompañe al niño en este proceso. Acompañar significa guiar, y no resolver el conflicto. No debemos caer en la tentación de resolver todas sus dificultades. Se trata de enseñarle estrategias para que lo haga por sí mismo.

Agradezco a Lucia su colaboración con el dibujo. ¡Felicidades Lucia!


domingo, 16 de octubre de 2011

El miedo.


Miedo: emoción caracterizada por una sensación desagradable que nos alerta de un peligro o de una amenaza.
A nivel biológico, el miedo surge como una respuesta adaptativa a nuestro entorno. Nos permite reaccionar ante peligros reales.
A nivel neurológico, supone la activación de una parte de nuestro cerebro.
A nivel psicológico es un estado emocional que en sus manifestaciones mas extremas, provoca angustia.
El mecanismo del miedo funciona de la siguiente manera: Un estímulo determinado, el estímulo temido, genera una serie de pensamientos en nuestro nivel cognitivo. Estos pensamientos, provocan un estado emocional de alerta, que da lugar a una respuesta fisiológica que nos hace reaccionar ante dicho estímulo. Por tanto, entran en juego tres niveles importantes: nivel cognitivo, nivel emocional y nivel fisiológico. La clave por tanto, estaría en dominar el primer nivel, el cognitivo, para evitar la escalada del miedo en los dos niveles siguientes.
El miedo, es por tanto, adaptativo cuando su aparición responde a la presencia de un peligro real.
Sin embargo, la mayoría de los miedos con los que convivimos, surgen ante la percepción de una amenaza, que en la mayoría de las ocasiones no es real.
El miedo es una emoción que afecta tanto a niños como a adultos. El origen de estos miedos suele estar en la infancia, por lo que es en esta etapa cuando debemos aprender a enfrentarlos. Están presentes en la evolución normal de todos los niños, y sólo se vencen cuando uno se enfrenta a ellos. La evitación fomentará su intensidad.
Existen una serie de miedos típicos en todos los niños, que denominamos miedos evolutivos:
• En los bebés, a partir de los seis meses, aparece el miedo a los desconocidos. A esta edad los bebés son capaces de diferenciar los rostros de las personas.
• Durante el primer año, suelen a parecer los miedos ante estímulos desconocidos: ruidos fuertes, sonidos desconocidos...
• Durante los seis primeros años, son habituales los miedos a animales, la oscuridad, seres fantásticos...
• A los seis años aparece el miedo a los daños físicos. Los niños son capaces de anticipar las consecuencias de sus movimientos.
• A partir de la adolescencia predominan los miedos relacionados con la autoestima y las relaciones personales.
Estamos programados para sentir miedo, puesto que se trata de una emoción que nos alerta de la presencia de un peligro y ha permitido a nuestra especie la adaptación al medio. Sin embargo, existe el riesgo de que estos miedos se estanquen durante la infancia y que incluso se generalicen, provocando una forma patológica de miedo: las fobias.
Por este motivo, la disposición y la actitud del adulto ante estos miedos evolutivos, y por tanto normales, determinará la forma de enfrentar situaciones temidas del futuro adulto. Dicha actitud, puede hacer que el niño logre superarlos, o por el contrario, que estos se vuelvan crónicos.
¿Cómo se mantienen los miedos?
Algunos padres, con la intención de evitar el sufrimiento del niño, en lugar de dotar a éste de estrategias que le ayuden a superar el temor, fomentan la evitación del mismo, contribuyendo sin ser conscientes de ello, a que éste se fortalezca aún mas.
Las fobias son miedos desproporcionados e irracionales, que impiden el desarrollo normal de la vida cotidiana del niño. Podríamos decir que es la forma patológica que adquiere la emoción del miedo cuando éste no ha sido superado con efectividad.

domingo, 2 de octubre de 2011

Esos locos bajitos


(Joan Manuel Serrat)
A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
ésos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar.
Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño,
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.

Mi nombre es Oihana Sanz Ruiz de Onraita, soy psicóloga infantil y llevo mas de una década trabajando con “estos locos bajitos” de los que Serrat habla en su fantástica canción. He de decir que con 18 años, uno elige lo que quiere estudiar mas por intuición que por vocación. Sin embargo, hoy, después de estos diez años, puedo asegurar que no me equivoqué y que me encantaría seguir aprendiendo de ellos cada día. Si, digo seguir aprendiendo, porque no hay día en el que no me enseñen algo ellos a mí.

¿Qué es la infancia? Según la definición de la Real Academia de la Lengua Española, nos referimos con este término al período de la vida humana que va desde que se nace hasta la pubertad. Es el primer estado del ser humano, es un libro sin escribir. Obviamente no podemos negar la influencia de la genética que predispone al ser humano a desarrollarse a partir de una base. Sin embargo, queda mucho por escribir en ese libro que ya tiene un grosor, que incluso tiene una forma, pero que afortunadamente sigue estando ansioso y libre de escribirse.

¿Qué responsabilidad tenemos los adultos al escribir este libro en blanco?

Tenemos la responsabilidad de asumir y tomar conciencia de que no somos imparciales, de que tal y como dice Serrat hacemos que carguen con nuestros “Dioses” y nuestro “Idioma”.
Tenemos la responsabilidad de evitar que carguen con nuestros rencores, nuestros miedos y nuestras frustraciones..
Tenemos la responsabilidada de aprender de ellos, y de disfrutar haciéndolo.
Por todo ello, dedico este blog a todos esos “locos bajitos” que me han enseñado y a los que he podido enseñar un poquito de mí.