domingo, 4 de marzo de 2012

Cómo negociar con tu hijo adolescente



La negociación se define como una situación en la que dos partes dependientes entre sí, reconocen diferencias en sus intereses y deciden llegar a un acuerdo. En este sentido, podríamos decir que la negociación es un instrumento de resolución de conflictos, que puede resultar de gran ayuda en el ámbito familiar.

En la negociación cada parte necesita de la otra, es decir, cada parte puede influir en la otra, y únicamente podrá satisfacer sus intereses, teniendo en cuenta los intereses de la otra parte. La posibilidad de ponerse en el lugar del otro y de entender los motivos de su postura, es fundamental en el proceso, por lo que éste estará determinado por la capacidad de empatía de ambas partes. La negociación puede ser utilizada en el ámbito familiar cuando los hijos son adolescentes, y van desarrollando todas las habilidades necesarias para llevar a buen término esta técnica.

Aplicando el arte de la negociación al ámbito familiar podríamos marcar los siguientes puntos básicos a tener en cuenta:

  1. Ambas partes deben ser interdependientes. Para que la negociación sea productiva, las partes deben depender unas de otras para poder satisfacer sus intereses. Partiendo de este punto, ambas partes deben estar dispuestas a escuchar, respetar y comprometerse.
  2. En el ámbito familiar, habrá aspectos que no son negociables, y ambas partes deben conocerlos antes de la negociación (beber alcohol y conducir, salir durante toda la noche...)
  3. Disposición para negociar. Los participantes deben estar psicológicamente preparados para comenzar el diálogo. Cuando las partes se encuentran inmersas en una discusión, no es el momento de negociar.
  4. Buscar el acuerdo en algunos puntos o intereses. Generalmente, al iniciar la negociación, existirán puntos de acuerdo entre las partes, desde los cuales debe comenzarse. Partimos de lo que nos une, para crear un clima de compromiso.
  5. Debe existir una voluntad de acuerdo, para lo que es fundamental asumir la necesidad de realizar algunas concesiones a cambio de otras.
  6. Los temas objeto de negociación deben ser negociables. No todos los intereses son negociables y deben definirse previamente.

Teniendo en cuenta los puntos anteriores, puede resultar útil elaborar un listado con las obligaciones incuestionables, diferenciadas de los puntos negociables. Es fundamental que todas las partes conozcan y acepten este listado en el que se incluyen las normas familiares, límites infranqueables... Este listado variará de una familia a otra, por lo que debe ser elaborado de la forma más reflexiva posible.

Una vez claros los puntos no-negociables, ¿Cuáles son las fases de una negociación?

  1. Identificar las necesidades e intereses. El padre y el adolescente exponen lo que desean a la otra parte. La capacidad de escucha y de empatía serán fundamentales en este punto. Deben prohibirse las acusaciones y reproches en este punto. Deben utilizarse frases como “Cuando haces esto, me siento...”
  2. Cada una de las partes expone las dificultades que presenta para aceptar la propuesta de la otra parte.
  3. Entre las dos partes, intentan encontrar solución a esas dificultades expresadas. Si en este punto se llega a una acuerdo la negociación ha llegado a su fin. En caso contrario, se intentan establecer unos compromisos por ambas partes. Dichos compromisos se pueden registrar por escrito, colocándolos en un lugar visible para ambas partes. “Yo me comprometo a.... y tú te comprometes a....”
  4. Revisar pasado un tiempo previamente fijado, la evolución de los compromisos adoptados por ambas partes.

En un proceso de negociación es fundamental conocer nuestros límites. Si estás enfadado y observas que no es el mejor momento para negociar, déjalo para otra ocasión, en la que estés más dispuesto psicológicamente. Negociar no consiste en aceptar todas las demandas de tus hijos, pero sí deberás adquirir unos compromisos para que ellos sean capaces de adquirir los suyos propios. Para ello, antes de negociar, deberás reflexionar sobre cuáles son los aspectos no-negociables, y hacer que tus hijos los conozcan y los acepten. Mediante el empleo de esta herramienta, además de mejorar la relación con tus hijos, estás contribuyendo al aprendizaje de un modo muy adaptativo de resolución de conflictos interpersonales, que sin ninguna duda será de gran utilidad para la vida adulta de tu hijo.

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