domingo, 13 de noviembre de 2011

¡NO ME GUSTA LA COMIDA!

La comida es un hábito que es importante reforzar desde la infancia. Es una actividad que se repite diariamente un mínimo de tres veces, fundamental para un correcto desarrollo.

El hábito adquirido durante la infancia y posterior adolescencia, determinará nuestra forma de alimentarnos en la vida adulta. Muchos de los problemas de alimentación de los adultos, radican en una incorrecta adquisición del hábito en la infancia. Inmersos en la era de las dietas “milagro”, otorgamos escasa importancia al aprendizaje de un hábito que va a ser crucial durante toda nuestra vida.

La adquisición de hábitos y rutinas, lejos de reflejar rigidez, es sinónimo de seguridad frente al desorden que puede suponer el no adquirirlos.

¿Por qué es tan importante este hábito?

Si analizamos todo lo que un niño aprende mediante la adquisición de este hábito, podríamos resumirlo de la siguiente manera:

  • Obviamente es una necesidad fisiológica, sin la cual no podríamos vivir, y si ésta es deficiente o incorrecta nuestro rendimiento cognitivo y físico se verá claramente afectado.
  • A través de la alimentación, los niños aprenden rutinas que les dan seguridad.
  • El desarrollo de la musculatura de la boca, contribuye a una correcta evolución del habla.
  • El niño aprende a ser autónomo.
  • El manejo de los conflictos que puedan surgir de la comida, influirá en el manejo de conflictos que puedan aparecer con posterioridad.

Como cualquier hábito, debe realizarse en el mismo lugar, a la misma hora y de la misma manera. Si cada vez se come en un lugar diferente de la casa, a una hora distinta, y de forma diferente, el niño aprenderá que puede comer cuando quiera, lo que quiera y de la forma que quiera. Esto se puede trasladar posteriormente al hábito de estudio...

Los adultos son los guías que marcan la adquisición de los hábitos de los niños. Mediante la repetición de las rutinas y los hábitos, ayudamos al niño a ordenar un mundo en el que él solo no sabe situarse.

Debemos partir de la base, de que los niños van a repetir aquellos comportamientos que nosotros, los adultos reforzamos. Si reforzamos una rabieta, las posibilidades de que la rabieta se repita aumentan considerablemente. Por tanto, aunque en ocasiones resulte complicado, es muy importante reforzar prestando atención, únicamente los comportamientos que queremos que se repitan.
Cuando un niño es mal comedor, es importante que no asocie la comida a conflicto. Debemos intentar que, aunque coma poco, el momento de la comida sea agradable para él, y haga de esta forma una asociación positiva del mismo. Agradable no significa comer viendo la televisión, probablemente sea más un elemento de distracción que de ayuda. Es importante que el clima sea relajado, y se le preste atención por estar sentado a la mesa, utilizar correctamente los cubiertos, y comer la comida del plato.

Es preferible que el niño coma menos al principio, y no cambiarle la comida por algo que le guste más.

¿Cómo lo podemos hacer?

  1. Si están en edad de poder participar, involucrarles en la preparación del momento de la comida, poniendo la mesa.
  2. Los niños deben sentarse a la mesa, cuando la comida ya esté preparada para evitar momentos de aburrimiento...
  3. Se debe establecer un tiempo límite para cada comida. Al principio se puede ser flexible para ir reduciéndolo posteriormente de forma paulatina. Se puede ayudar al niño a situarse en el tiempo con un reloj infantil con alarma.
  4. Cuando se produzcan lloros o rabietas por la comida que hay, no se debe cambiar el plato al niño, y no se le debe prestar atención hasta que se calme. Es importante que aunque no coma se mantenga sentado en la mesa hasta que termine el tiempo. Siempre hay que reforzar cada aproximación que haga a la conducta que queremos conseguir, aunque solo coma una cucharada.
  5. Durante la comida es mejor evitar comentarios directamente relacionados con la misma como “come”, “No estás comiendo nada”... No olvidemos que lo que queremos es que la comida sea un momento agradable.
  6. Si un niño no quiere probar un alimento que hemos añadido en el menú, no se le debe meter obligatoriamente en la boca. Se lo debemos ir acercando poco a poco. Primero debe admitirlo en su plato aunque no se lo coma, y poco a poco a medida que aprenda a tolerar su presencia en el plato, se atreverá a probarlo. Cualquier aproximación a la conducta deseada de este tipo debe ser recompensada.
  7. Una vez agotado el tiempo establecido, se recoge la mesa. Aunque no haya comido. Es importante que el niño no coma nada hasta la siguiente comida, la merienda, la cena... para que llegue con hambre.
  8. Cuando el niño empiece a hacer progresos se le puede premiar eligiendo postre, con alguna golosina...

Si somos pacientes en este aprendizaje, veremos progresos que se mantendrán durante toda la vida del niño. ¡Merece la pena!

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